sábado, 13 de junio de 2015

Desollados vivos




ADVERTENCIA:  Aunque todas las imágenes son sacadas de pinturas y películas, el contenido es muy gráfico y/o perturbador. Y pues, voy a hablar de desollar gente, así que piénselo dos veces antes de continuar leyendo.


Seguramente desollar vivo a un ser humano es una de las cosas más infames que se pueden hacer. Este tipo de tortura se ha practicado en todas las latitudes y tiempos pero de forma muy excepcional, y quizá la única cultura que la practicó de forma sistemática, con traidores y prisioneros de guerra, fueron los antiguos asirios allá por el siglo VIII a.C. La imagen de principio de este post es de Yahu-Bihdi, un gobernador provincial que se rebeló contra el rey Sargón II y fue ejecutado de esta manera.

Otro ejemplo famoso de la historia viene de la misma región: cuando Cambises II, rey de reyes persa e hijo de Ciro el Grande, se enteró de que un juez corrupto, Sisamnes, había dado un veredicto injusto tras aceptar sobornos, por lo que lo sentenció a ser ejecutado de igual modo. Esta historia era famosa en los siglos XIV-XV en Europa, y de hecho varios pintores la ilustraron, como el holandés Gerard David (1460-1523):


Hay muchos ejemplos de la práctica: desde China hasta los aztecas e incluso llegando hasta la Francia del siglo 18, pero como ya he dicho es una práctica tan espeluznante que se reservaba para casos de lesa majestad o traición, o bien era ordenada por gobernantes más salvajes que lo común, y no como un castigo codificado. Un ejemplo del primer caso fue en 1303, cuando unos ladrones fueron sentenciados a ser desollados en Londres tras robar la Abadía de Westminster; y del segundo caso se puede mencionar al emperador chino Hongwu (1328-1398), fundador de la Dinastía Ming, que usó el castigo frecuentemente en contra de rebeldes, oficiales corruptos y a veces hasta sirvientes.

En la mitología griega está el caso del sátiro Marcias, que retó al dios Apolo a una competencia de música. Quien ganara podría hacer del otro exactamente lo que quisiera y Apolo, no contento de que un sátiro hubiera osado desafiar a un dios, escogió desollarlo vivo. Este fue también un tema frecuentemente representado en la escultura y la pintura clásicas y renacentistas, como alegoría de la soberbia. Aquí hay un ejemplo de Tiziano (1488-1576), el más ilustre pintor de la Escuela Veneciana:


Pasando a nuestras épocas, el despellajamiento es, de entre las torturas, quizá la menos común para ser representada en las películas, incluso en las de “torture porn” al estilo de SAW. Quiero suponer que parte es la complicación de los efectos especiales, pero más es por la repugnancia que evoca, incluso comparada con otras atrocidades. Dejando de lado películas de “clase B” como Skinned Alive (1990, 2008), veré algunos de los pocos ejemplos que hay en el mainstream y cómo ha ido progresando porque es bien sabido que nuestro nivel de shock cada vez tiene un umbral más alto.

En la excelente película china Red Sorghum (1987), dirigida por Zhang Yimou y adaptada de la novela de Mo Yan, hay una escena en la que unos soldados de las fuerzas ocupantes japonesas ordenan a un carnicero chino desollar a un compatriota. La escena es absolutamente terrible sin tener que mostrar nada, tan sólo las reacciones de horror, los sonidos y la posterior locura del carnicero.

Pero no fue sino hasta Terminator 2 (1991) que vimos en cámara una escena de arrancar la piel a un brazo “humano”; y aunque fuese a un robot sin emociones, la escena de escalofríos. De hecho, hasta donde sé, es la única película mainstream que de hecho ha mostrado en cámara este efecto.


El desollamiento empezó a ser más usado desde entonces y el maniático autor Thomas Harris lo usa frecuentemente.  En Silence of the Lambs (1991), el asesino en serie “Buffalo Bill” rapta a jóvenes a quienes mata y les quita la piel para hacerse con ellas un vestido; y el sicópata favorito de muchos, Hannibal Lecter, le arranca la cara a un guardia para ponerla sobre su propio rostro y usar el uniforme de policía, de modo que lo metan a una ambulancia de la cual escapa. Más tarde, en Hannibal (2001), le da un alucinógeno al pedófilo Mason Verger y lo convence de arrancarse su propia cara. El resultado es este:


A partir de ahí, el arrancar la piel se “popularizó” e incluso apareció en programas famosos de televisión; en la saga “Dark Willow” de Buffy la Cazavampiros (2001), Willow le hace eso a un villano que por accidente mata a su interés amoroso, aunque con magia:


Y en el episodio “Hellbound” de los Expedientes X (temporada 9, episodio 8, 2002) un personaje aparece desollado en una visión:


Pero tras esa década y esos últimos tratamientos más bien triviales, se dejó de usar un poco tras la explosión de popularidad de SAW (2004) y sus secuelas. Pero en la película francesa Martyrs (2008) se usa para dar un efecto realmente aterrador: una infame sociedad secreta está convencida de que un ser humano, en trance de dolor extremo, puede llegar a una especie de éxtasis en el que puede por momentos contemplar lo que hay más allá de este mundo, suspendido como está entre la vida y la muerte. Para comprobar esta teoría, raptan a mujeres a quienes torturan de forma inhumana; y la protagonista principal es la última en esta serie de experimentos salvajes. Al final (sin mostrarlo tampoco), le arrancan toda la piel del cuerpo excepto la de su rostro:


Y aunque Martyrs es más bien una película para entusiastas del cine extremo, últimamente se ha retomado el desollamiento para mostrar salvajismo en personajes de dos series de televisión de alta popularidad: en Game of Thrones, la Casa de Bolton es famosa por su tradición de desollar a sus enemigos y prisioneros, y el sicópata Ramsay Bolton lleva a cabo la práctica con singular pasión. En el capítulo “The Mountain and the Viper” (temporada 4, episodio 8, 2014), le muestra sus “obras” a Reek, un hombre originalmente orgulloso a quien ha reducido a ser su mascota a pura fuerza de tortura:


Y en la excelente serie True Detective, el policía Rust Cohle, de nuevo al mejor estilo de narrar sin mostrar, hace un recuento escalofriante de las salvajes ejecuciones de los cárteles mexicanos, en el capítulo “Who Goes There” (temporada 1, episodio 4, 2014):


Ese monólogo es tan impresionante en su ejecución que por poco desbanca a mi monólogo sicópata favorito, el de Brad Dourif en El Exorcista III (1990). Como el “Asesino Géminis”, le describe con lujo de detalles a un viejo policía cómo mató a su mejor amigo, un sacerdote. Aunque éste no incluye desollamiento, lo menciono como ilustración de que la técnica de dejar correr a la imaginación siempre es más potente y porque es la que más se ha usado en la práctica de la que hablo.

Finalmente, cierro con un caso que a usted le parecerá totalmente inesperado: la película The Bullfighters (1945), del dúo cómico El Gordo y El Flaco (Stan Laurel y Oliver Hardy). En esta película, los protagonistas son policías. Buscando a una fugitiva de la ley llegan a México y se enteran de que ahí vive un tal Muldoon, un hombre a quien hace tiempo metieron a la cárcel por 20 años. Sin ellos saberlo, el hombre es más tarde declarado inocente y puesto en libertad. Desde luego los odia por lo que le hicieron y cuando se entera de que están también en México, dice “Si alguna vez los encuentro, los desollaré vivos.” En una película cómica, se entiende esto simplemente como una expresión de enojo exagerada, pero a lo largo de la historia la frase se repite una y otra vez; y el Gordo le dice al Flaco, “tenemos que irnos de aquí porque yo no quiero que me desollen vivo”.
 
Este no parece el póster de una película de tortura.

Sin embargo, no tienen suerte; al final Muldoon los encuentra en su hotel, saca un cuchillo y… ¡cumple su promesa! Les dice que se quiten la ropa y después la acción corta a la escena final, en donde podemos ver a los pobres Stan y Oliver, desollados vivos:



Supongo que en los 40s se tomaban más a la ligera eso de desollar vivo a alguien.



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