lunes, 30 de junio de 2014

Frases sabias, no tan sabias




El internet está lleno de frases sabias. O que suenan sabias. O que alguna vez fueron sabias pero que sin contexto no significan nada. Y más que nada, hay frases que expresan actitudes que si se piensan un poco, implican un montón de cosas problemáticas. Ya he hablado antes de este tema, acerca de cómo en el internet se confunde a Einstein con el filósofo de Guemes, a la magnesia con la gimnasia y al amor con las ganas de ir al baño. Aquí voy a ver de nuevo esa manera favorita que tiene el ciberespacio para dispensar sabiduría: el Poster Motivacional que se copy-pastea al infinito (y más allá), así como las redes sociales.

La imagen de arriba es un clásico, y es casi un mantra de los filosofo-hippie-Jedi que de alguna forma le encuentran sentido a decir “Haz o no hagas, pero no existe el intentar”.  Quizá a Yoda, con su gramática surrealista, también se le dificultaba entender el significado de ‘intentar’, sin lo cual NO se puede hacer nada. Y para los nerds que me van a decir que estoy mal, e interpretan la frase como ‘cree en ti mismo’: en ese momento Luke, su alumno, estaba SOBREESTIMANDO sus propias habilidades y quería lanzarse a una guerra sin entrenar. O sea que ni en sí misma, ni en el contexto de la película, tiene sentido. Y además tengo a Obi-wan de mi lado:

Pongo algunos otros ejemplos de los que gente bien intencionada me manda de repente, pero incluyo una reflexión extra, producto de cinco a diez segundos de pensar realmente en la sabiduría expuesta en cada poster o frase: desde las típicas ‘cree en tus sueños’ de toda la vida, hasta payasos modernos que explotan terminología de la ciencia (porque ‘Cuántico’ es el nuevo ‘Atómico’):








(NOTA:  Zyprexa es un anti-psicótico).








Y para finalizar, una perla de surrealismo:








Y ya que andamos muy cosmopolitas con el Mundial, aquí puede ver algunos chistes de Nacionalidades, o chistes de Equívocos por no poner atención a lo que se dice.





sábado, 28 de junio de 2014

Lectura y Guacamole




Me van a perdonar los fetichistas de este tipo de posters (o sea del poster original, antes de que yo le agregara la frase de abajo), pero no se deben de tomar las palabras “libro” y “lectura” como sinónimos, o metonimias, de “Cultura” (en el sentido de alta cultura, no de forma de vida generalmente aceptada de un pueblo).

Si alguna vez hace muchos siglos la Lectura, esa sí con mayúsculas, fue un acto casi sagrado, ya no lo es ni con mucho. Y no es que se haya degradado, pero la lectura y escritura, como habilidades, han pasado de ser algo extremadamente raro, a ser una necesidad básica, una capacidad trivial  que no está supeditada a ver cuántas letras pueden poner en el papel unos pocos escribas y maestros, sino que está masificada y por ende tiene hoy todo tipo de contenidos. A lo que voy, que es la ‘herejería’ que muchos no pueden terminar de deglutir: hay lecturas objetivamente malas, objetivamente nocivas.

Es exactamente lo mismo que la comida: durante milenios hemos sobrevivido tratando de corretear conejos y encontrar alguna mora silvestre que no nos hinche la cara al momento de comerla. La comida era literalmente sagrada. Hoy en muchos países el problema es la obesidad, tratar de descifrar cuál es el colesterol bueno y el malo, y qué remolachas combinadas con Omega 3 nos bajan la panza. No podemos negar que al tener una necesidad satisfecha, siempre hacemos lo mismo: abusar y empezar a fabricar Doritos con sabor a tocino y frambuesas. Y bañarlos de chocolate.

Escribí más en detalle en otro post, de donde copio este párrafo:

   “Digamos que dos jóvenes son tomados al azar. No son especialmente violentos, ni generosos, ni nada en específico. Son, digamos, ‘normales’. A cada uno se le toma aparte y durante años no se le da a leer más que un solo tema: al primero, nada más que libros de filosofía y de ciencia; al segundo, nada más que libros pornográficos y novelas rosas. Una dieta de uno y de otro a largo plazo, ¿qué mentalidad provocan? ¿Podemos pensar que no hay diferencia? Creo que sería difícil sostener tal posición.”

Ahora bien: POR SUPUESTO que la Lectura enriquece, abre la mente, etc etc etc. Y también la comida nutre. Pero en ambas hay que tener criterio. ¡Seguramente un biberón de Coca-Cola al bebé de 3 meses no es tan bueno como la leche materna! Y lo que entra por los ojos también es alimento.

A lo largo del tiempo ha habido posturas encontradas acerca de la escritura y la lectura. Platón dijo que “los libros son como las figuras pintadas, que parecen vivas, pero no contestan una palabra a las preguntas que les hacen”, y muchos maestros de aquél tiempo preferían la instrucción oral y el diálogo a la simple lectura, porque “El maestro elige al discípulo, pero el libro no elige a sus lectores, que pueden ser malvados o estúpidos”. Y abundando en este punto acerca de la importancia de la instrucción de viva voz, Clemente de Alejandría (s. II) añadió que “Escribir en un libro todas las cosas es dejar una espada en manos de un niño”.

Eso es en cuanto a los defensores de la memoria y el entendimiento, la instrucción presencial y la relación maestro-alumno. Del otro extremo están también los campeones de la idea no sólo de Lectura, sino del Mundo mismo como Escritura que debe descifrarse: el poeta francés Stephane Mallarmé (1842-98) dijo que “El mundo existe para llegar a un libro”, como metáfora del entendimiento total mucho más allá de meras palabras; eso fue más o menos al mismo tiempo que el escocés Thomas Carlyle (1795-1881), famoso por su propuesta de la historia humana como ‘historia de los héroes’, añadió que “la historia universal es Escritura Sagrada que desciframos y escribimos inciertamente, y en la que también nos escriben”.

Así que en todo caso, la lectura y le escritura van de  la mano del Entendimiento y del Criterio. Cierro aquí con un pasaje de otro libro, “Kung Fu en Una Taza de Té”:


  “El cuerpo requiere de alimento y de ejercicio.
   De la misma forma, el espíritu debe ser alimentado.
   ¿De qué se alimenta el espíritu?
   De impresiones y de experiencias, que le dan forma,
   y de actos de voluntad, que le conceden temple.
   Pero como este alimento es sutil y difícil de ver,
   frecuentemente es ignorado y despreciado.

  Un hombre puede recorrer diez leguas para encontrar a un médico que cure su dedo o su oído, mas rehúsa buscar un maestro o seguir una disciplina, aún y cuando su espíritu está embotado y enfermo.

  Un hombre desde luego rehusará un alimento descompuesto, y se tapará la nariz y la boca si pasa por un lugar de olores infectos. Y sin embargo no desdeña participar en actos vergonzosos y asumir actitudes degradantes.

¡Cuán sutil es este alimento, y qué tragedia es no poder encontrarlo!”



VIDEO DEL DÍA

He aquí el guacamole más original que he visto. No quiero decir nada acerca de él para no arruinar la sorpresa:





miércoles, 25 de junio de 2014

Ozymandias y otras visiones de lo efímero




Quizá en segundo lugar después de el Amor, el tema más constante de los poetas es el de lo Efímero, una preocupación compartida con filósofos, hombres de ciencia y todo el resto de nosotros. Y me atrevo de decir que más que el amor, el lenguaje de esta conciencia de lo impermanente nos une: lo inevitable de lo mortal, el anhelo de la trascendencia, una tensión inescapable que juega en nuestra mirada y en lo que edificamos. 

Como este sentimiento ha sido plasmado incontables veces, pongo aquí solamente cuatro ejemplos, dispares de origen. El primero lo había citado ya antes, un fragmento de un poema de los Cantos de Huejotzingo (México, ca. s. XVI):

¿Solo así he de irme?
¿Como las flores que perecieron?
¿Nada quedará en mi nombre?
¿Nada de mi fama aquí en la tierra?
¡Al menos flores, al menos cantos!

Que al menos queden cantos, que al menos queden flores: la flor, un símbolo en sí mismo de lo fugaz, como lo dice Sor Juana en su soneto ‘A Una Rosa’:
¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida,
de tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas.

La melancolía de lo transitorio no tiene por qué oscurecer la esperanza del entendimiento. Aunque en nuestra mente pesan sentencias de siglos como la de Eclesiastés 2:11:

   “Consideré luego todas las obras que mis manos habían hecho y el trabajo en que me había empeñado, y he aquí: todo era vanidad y afanarse tras el viento.”

…hasta divagaciones modernas como Dust in the Wind, que nos dicen que todo se derrumba, ¿no vemos al mismo tiempo la trascendencia en aquellos que han visto más allá que la mayoría, y que han compartido algo con el resto de nosotros? Paul Dirac, uno de los científicos más importantes del siglo XX, no escribió poemas ni tratados filosóficos, pero la ‘Ecuación de Dirac’, una de las más bellas, trascendentes e importantes de la física moderna,  hace que podamos explorar el espacio y el interior de los átomos. Dirac vio algo, entendió algo de la estructura misma de la realidad, y ese entendimiento está en su lápida:



Por la parte melancólica de nuevo, está Percy Shelley y uno de los poemas más famosos de la lengua inglesa: Ozymandias, en el que plasma una de las imágenes más terriblemente bellas de lo impermanente:

   Conocí a un viajero de una tierra antigua que dijo: “Dos enormes piernas pétreas, sin su tronco, se yerguen en el desierto. A su lado, semihundido en la arena, yace un rostro hecho pedazos. Su ceño y mueca, y desdén de frío dominio, nos dicen que su escultor comprendió bien tales pasiones, que - grabadas en estos inertes objetos - han sobrevivido tanto a las manos que las tallaron como al corazón que las alimentó.

Y en el pedestal se leen estas palabras:
‘Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!’

No queda nada a su lado. Alrededor de la decadencia de estas ruinas colosales, se extienden a lo lejos las rasas arenas solitarias; infinitas y desnudas.”


 * * *

Y como yo también quiero ser inmortal, agrego aquí con más osadía que talento, un par de visiones, la primera de la melancolía y la segunda de la esperanza que se entretejen en el corazón de los hombres:

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En las ruinas del palacio

¿Dónde está tu gloria, oh rey?
Tu palacio mudo
es visitado por los indignos, infestado de perros perezosos.
Tu gloria es un cuento a veces despreciado y a veces inspirador.
Nada permanece.
Ni siquiera el trono desde donde anunciaste tus decretos
y dictaste el destino de millones.
Millones vagan hoy entre las paredes de tu palacio
y de tu tumba.

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Una danza a veces macabra, a veces gloriosa, siempre humana:
Conquistamos cada rincón remoto y escalamos todas las cimas,
pero las arenas del tiempo se burlan borrando nuestros pasos.

Nuestros cuerpos poco a poco nos traicionan y abandonan,
pero a veces hay ecos 
  que repiten nuestros nombres por los siglos.

Aspiramos a la inmortalidad y vemos las estaciones sucederse;
construimos imperios, vemos reinos arrasados por las lágrimas.

Inmortalidad: ver nuestra alma reflejada en los ojos de un hijo.